jueves, 15 de agosto de 2013

El relativismo lingüístico y la identidad lingüística.

Muy buenas, amigos y amigas. En esta ocasión me gustaría permitirme la libertad de opinar acerca de un tema que últimamente escucho en muchas bocas impéritas lingüísticamente hablando, y es el RELATIVISMO LINGÜÍSTICO. ¿Ésto qué es? Pues bien, se trata de que cada comunidad de habla debe (y no deber por deber, sino que debe QUERER) defender su lengua frente a todas las demás sin caer en el... a ver, pongámosle un nombre... "idiolectocentrismo". Me explico. Este término vendría a dar cuenta de ese sentimiento de la gente que considera su lengua propia como la mejor y la más importante de su país (algo que sucede claramente en España con el castellano y el catalán). Verán, estas confrontaciones son más que banales, no tienen fundamento. Insisto: cada cual posee un tesoro único, una lengua con historia y vida propias, y debe sentirse orgulloso de eso. Es parte de nuestra identidad. Como tesoro que es, hay que defenderlo y evitar a toda costa que caiga en desuso. 
Y amén de esto, reciclo el tema que en la primera entrada de este blog ya anticipaba: el tema de los anglicismos. Nuestra lengua (y todas las del mundo) se están viendo seriamente afectadas por una pandemia anglicista mediante la cual estaríamos incorporando de forma peligrosamente masiva términos ingleses en nuestros respectivos léxicos, a veces de manera innecesaria. Por suerte o por desgracia, el inglés, debido a las expansiones colonialistas del s.XIX, se convirtió en la lengua de intercomprensión por excelencia, una IAL (International Auxiliary Language), una lengua auxiliar. Desde entonces nos hemos visto obligados a aprender esta lengua casi que a punta de pistola (ojo, no estoy diciendo que el inglés no me guste filológicamente hablando, sino que quiero ir más allá y haceros pensar sobre otros aspectos colaterales). Hoy en día es necesario el aprendizaje de una lengua que nos permita comunicarnos más allá de nuestras fronteras, pero algunos se han tomado esta tarea demasiado en serio y no han sabido establecer ciertos límites, dejando que el inglés directamente invada sus léxicos maternos y contamine su idiolecto de burdos e inútiles anglicismos tales como "stalker" o "spoiler". Pensad: ¿qué necesidad tenéis de emplear un vocablo que seguramente ni sabéis con certeza de dónde procede teniendo en castellano un término que expresa exactamente lo mismo? Me explico: en algunas ocasiones, la RAE termina por aceptar ciertos anglicismos por necesidades de la neología: si nace un concepto nuevo por obra de la tecnología, y este concepto tiene su origen en un país extranjero, es comprensible que en castellano se tome ese mismo término para designar esa nueva realidad. Pero, queridos/as amigos/as, un "spoiler" de toda la vida ha sido un "aguafiestas" o un "destripador" (en sentido figurado), y "stalkear" (por cierto, este término es aún más estúpido que el anterior, ya que el anterior al menos se ha tomado en su forma pura, pero STALKEAR es un puñetero verbo inglés al que se ha adherido de forma totalmente ilegítima el sufijo derivativo verbalizador -ear) vendría a ser "acechar", "espiar". 
Espero haberos ilustrado que con este tipo de conductas estáis contribuyendo a asesinar vuestro léxico materno. No quiero parecer radical, pero si utilizáis esta clase de vocablos, al menos hacedlo con un criterio no aleatorio (y no "criterio random", que también está muy de moda decir).

2 comentarios:

  1. Te quiero, lo sabes
    hermana de pensamiento
    jajaja

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Iara (L) eres más que correspondida jajaja, mi esperantista favorita ;)

    ResponderEliminar