jueves, 15 de agosto de 2013

Sobre las modificaciones de la RAE y la evolución de las palabras.

El otro día me vi inmersa en una interesante conversación sobre si las nuevas modificaciones y aceptaciones de la Real Academia eran convenientes o no. Y la verdad es que me dio que pensar. El hecho es que, al principio, mi reacción fue de desaprobación al conocer que barbarismos como "cocreta", "murciégalo", "agora" o "almóndiga" ahora iban a ser correctos. Pero después pensé: ¿y quién determina qué es "lo vulgar e incorrecto"? ¿En base a qué decidimos qué es lo que está mal? Vale. Partimos de esta premisa. A lo largo de la Historia de nuestra lengua, desde el indoeuropeo, pasando por el griego y el latín, las palabras han ido experimentando muchísimos cambios. Uno de ellos a tener en cuenta es la movilidad de las consonantes líquidas "r" y "l". De la voz griega "κρoκóδειλoς" [krokodilos/krokodeilos] --> "cocodrilo", se ha producido una metátesis de la "r" en castellano, y sin embargo en inglés se ha conservado la posición griega de la "r" en "crocodile". Lo mismo sucede con "murciélago". Esta vez, la palabra deriva del latín "mus, muris" (ratón) y "caeculus" (ciego, o cieguito, puesto que es el diminutivo de "caecus"). De la hipotética palabra proto-romance "murececulu", habría dado "murciégolo", y por metátesis de la consonante líquida "l", "murciélago". Es un fenómeno este de la metátesis de las líquidas bastante frecuente, que podría venir a explicar lo que sucede con "cocreta", por ejemplo, por analogía. Ahora bien; si antaño lo correcto era "murciégalo", o "murciégolo", y ahora es "murciélago", ¿por qué no admitir "cocreta" por "croqueta"?
El caso de "agora". En latín existía la expresión "hac hora", "en esta hora" (ablativo), que evolucionaría en el castellano antiguo a "agora" y, en el presente, a "ahora". Las palabras tienen sus fases, y cada fase dura lo que duran las generaciones de hablantes que la usan. Me explico: una determinada forma evolutiva de una palabra comienza a usarse gradualmente, no de repente. Al final, acaba habiendo un gran número de personas que acogen esta forma, y esta forma acaba acuñándose definitivamente por las siguientes generaciones. Pero como la lengua está viva y en constante desarrollo, esta determinada forma comienza a experimentar nuevas variaciones fonéticas debido a la expansión, localización geográfica, extracto social, etc., hasta que se acaba por acuñar una nueva forma. A pesar de que se acuñe una nueva forma, puede ocurrir y ocurrirá que la forma antigua y la nueva coexistan en la misma época, siendo los más ancianos los que usen la antigua y las nuevas generaciones los que usen la nueva. Sucederá entonces que las más ancianas generaciones perecerán, y con ellas, la antigua forma. Al final acabará así imponiéndose la nueva forma, hasta que ésta vuelva a experimentar cambios y etc., etc., etc. El caso es que esta fase de transición en la que conviven dos formas de una palabra y en la cual predomina el uso de la nueva sobre la vieja podría ser la que de cuenta de lo que ocurre con la que fuera otrora "agora" y con "ahora" (parece un trabalenguas). ¿Habéis oído alguna vez (los más jóvenes) "agora"? Tal vez sea porque sus últimos "adeptos" se encuentren escondidos en pequeñas zonas rurales de la España profunda, y porque éstos sean octogenarios, o nonagenarios...
Las aceptaciones de la RAE se basan en un factor importantísimo, que a veces desestimamos los letrosos: EL USO POPULAR. ¿No sucede siempre en todas las sociedades que existe una minoría culta que es la que decide lo que es correcto y lo que no lo es? ¿Y por qué ha de ser así, si es el vulgo la proporción mayor y, por tanto, la que tiene mayor poder a la hora de propagar un determinado uso de un determinado vocablo? Aunque bien es cierto que no siempre (o más bien nunca) es el populacho el que opina y actúa con criterio y conocimiento de causa. ¿Son los filólogos los que deben determinar en última instancia, basándose en lo que conocen de las lenguas, lo que se debe decir y lo que se debe desechar por ser "vulgar"? A veces "lo vulgar" es lo más acogido. 
Y dicho esto, reformulo la pregunta del tema: ¿Son correctas las modificaciones que hace la RAE? En mi opinión, es una pregunta complicada de responder. Asunto controvertido. ¿No os parece? Lo que sí cabe señalar es que no hay que poner en duda absolutamente todo lo que diga la RAE sin pensar antes detenidamente, porque lo que sí está claro es que los académicos no están elegidos al azar y todo lo que discuten lo hacen con un criterio más que válido.

El relativismo lingüístico y la identidad lingüística.

Muy buenas, amigos y amigas. En esta ocasión me gustaría permitirme la libertad de opinar acerca de un tema que últimamente escucho en muchas bocas impéritas lingüísticamente hablando, y es el RELATIVISMO LINGÜÍSTICO. ¿Ésto qué es? Pues bien, se trata de que cada comunidad de habla debe (y no deber por deber, sino que debe QUERER) defender su lengua frente a todas las demás sin caer en el... a ver, pongámosle un nombre... "idiolectocentrismo". Me explico. Este término vendría a dar cuenta de ese sentimiento de la gente que considera su lengua propia como la mejor y la más importante de su país (algo que sucede claramente en España con el castellano y el catalán). Verán, estas confrontaciones son más que banales, no tienen fundamento. Insisto: cada cual posee un tesoro único, una lengua con historia y vida propias, y debe sentirse orgulloso de eso. Es parte de nuestra identidad. Como tesoro que es, hay que defenderlo y evitar a toda costa que caiga en desuso. 
Y amén de esto, reciclo el tema que en la primera entrada de este blog ya anticipaba: el tema de los anglicismos. Nuestra lengua (y todas las del mundo) se están viendo seriamente afectadas por una pandemia anglicista mediante la cual estaríamos incorporando de forma peligrosamente masiva términos ingleses en nuestros respectivos léxicos, a veces de manera innecesaria. Por suerte o por desgracia, el inglés, debido a las expansiones colonialistas del s.XIX, se convirtió en la lengua de intercomprensión por excelencia, una IAL (International Auxiliary Language), una lengua auxiliar. Desde entonces nos hemos visto obligados a aprender esta lengua casi que a punta de pistola (ojo, no estoy diciendo que el inglés no me guste filológicamente hablando, sino que quiero ir más allá y haceros pensar sobre otros aspectos colaterales). Hoy en día es necesario el aprendizaje de una lengua que nos permita comunicarnos más allá de nuestras fronteras, pero algunos se han tomado esta tarea demasiado en serio y no han sabido establecer ciertos límites, dejando que el inglés directamente invada sus léxicos maternos y contamine su idiolecto de burdos e inútiles anglicismos tales como "stalker" o "spoiler". Pensad: ¿qué necesidad tenéis de emplear un vocablo que seguramente ni sabéis con certeza de dónde procede teniendo en castellano un término que expresa exactamente lo mismo? Me explico: en algunas ocasiones, la RAE termina por aceptar ciertos anglicismos por necesidades de la neología: si nace un concepto nuevo por obra de la tecnología, y este concepto tiene su origen en un país extranjero, es comprensible que en castellano se tome ese mismo término para designar esa nueva realidad. Pero, queridos/as amigos/as, un "spoiler" de toda la vida ha sido un "aguafiestas" o un "destripador" (en sentido figurado), y "stalkear" (por cierto, este término es aún más estúpido que el anterior, ya que el anterior al menos se ha tomado en su forma pura, pero STALKEAR es un puñetero verbo inglés al que se ha adherido de forma totalmente ilegítima el sufijo derivativo verbalizador -ear) vendría a ser "acechar", "espiar". 
Espero haberos ilustrado que con este tipo de conductas estáis contribuyendo a asesinar vuestro léxico materno. No quiero parecer radical, pero si utilizáis esta clase de vocablos, al menos hacedlo con un criterio no aleatorio (y no "criterio random", que también está muy de moda decir).